A comienzos de este año, el organismo conocido como la Autoridad Internacional sobre el Fondo Marino (ISA) debatió en Jamaica un código minero que regula la explotación y permite la comercialización minera del fondo del mar a lo largo del mundo.
Los siguientes dos años son críticos en cuanto a la redacción de las bases de este innecesario horizonte de la explotación de recursos.
El fondo marino cubre alrededor del 65% de la Tierra y se entiende por el área de los océanos que se encuentra bajo 200 mts, estando la mayoría de este terreno en aguas internacionales.
La mayor parte no ha sido explorada aún, lo cual quiere decir que si instalamos el comercio de la minería en estas zonas, habrán especies y ecosistemas que arrasaremos sin siquiera haber conocido.
La ISA regula los suelos que se encuentran fuera de la jurisdicción de las naciones y es quien se encarga de decidir cuáles son las reglas: cuánto dinero va a invertirse, cuál es el rol de los países y sus comunidades y qué tipo de control ambiental va a haber.
Es importante entender que se están tomando decisiones que pueden tener un impacto irreversible tanto para el fondo marino como para el mismo Planeta, decisiones que además se toman con una tremenda presión de la industria de la minería y con una decidida falta de transparencia.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) denunció que las regulaciones para controlar la minería submarina son insuficientes para prevenir daños irrevocables en los ecosistemas marinos y en la desaparición de especies. Según expertos de la UICN, este código sobre minería marina carece de un conocimiento suficiente sobre las profundidades del mar y de una evaluación exhaustiva del impacto de la acción minera, necesaria para asegurar la protección de la vida oceánica.
En este sentido el director del programa marino de UICN, Gustaf Lundin, alertó: “Estamos operando en la oscuridad”, y agregó “El conocimiento actual de las profundidades marinas no nos permite proteger de forma efectiva la vida en estos ecosistemas de las operaciones mineras”. Lundin aseguró que, a pesar de ello, “Se están otorgando contratos incluso en zonas que son hogar de especies únicas” y advirtió de que la explotación mineral “Podría destruir la riqueza marina para siempre, y solo en beneficio de unos cuantos”.
Esta fue la conclusión de un estudio que analizó el impacto de esta actividad minera y que se publicó hace unos días coincidiendo con la vigésimo cuarta sesión de la Autoridad Internacional de Fondos Marinos (ISA), que debe adoptar un código que regule la explotación del suelo marino. El informe asegura que existe un interés comercial creciente en los depósitos minerales marinos como resultado de la demanda creciente proyectada de cobre, aluminio, cobalto y otros metales, que se utilizan para productos de alta tecnología como los teléfonos inteligentes o las baterías.
Quienes apoyan la explotación del océano -como la gigante compañía militar estadounidense Lockheed Martin- argumentan que necesitamos la minería de aguas profundas para abastecer la creciente demanda global de minerales preciosos y para apoyar el crecimiento económico. Además agregan que dicha minería es necesaria para satisfacer nuestra interminable sed por innovaciones tecnológicas y electrónicas, ignorando convenientemente algunos aspectos de este problema.
“¿Vamos a continuar desarrollando minas gigantes que destruyen pueblos, alteran ríos, contaminan el agua, remueven montañas enteras y lleva miles de años restaurar sus daños?” Declaró el Secretario General del ISA, Michael Lodge.
Si bien es verdad que la minería en tierra que se realiza para la extracción de materia prima esencial, frecuentemente daña a sus trabajadores y deja cicatrices en la Tierra que son irreversibles, la solución no es -y no puede ser jamás- trasladar estos impactos a otros ecosistemas que proveen de forma crucial al Ser humano y que además influyen directamente en diversos aspectos climáticos.
Hacerlo no solo resultaría en pérdidas de biodiversidad potencialmente irreversibles, sino que también enviaría un mensaje completamente erróneo: que no necesitamos reducir el uso de recursos naturales porque allí abajo los hay de sobra.
¿Porqué será que el sector de la electrónica y sus líderes tales como Samsung o Apple, pueden mostrar una capacidad de desarrollar tecnologías que nos permiten hacer cosas que hace una década ni soñábamos pero no ponen esa capacidad al servicio de una economía realmente sostenible, sin llevar al Planeta al límite?
En lugar de eso, en esta demencial carrera para ganar mayor espacio en el mercado, las compañías electrónicas cambian el diseño de sus productos haciendo que cada vez sea más difícil arreglarlos o hacerles mejoras, acortando cada vez más su ciclo de vida.
Los defensores de la minería también argumentan que necesitamos los minerales para satisfacer la creciente demanda que trajo el crecimiento de las tecnologías de energías renovables y el transporte eléctrico. Pero en realidad no hay evidencia alguna de que esta transición hacia energías renovables requiera de la minería de fondo marino. Por el contrario, un reporte reciente del Instituto para Futuros Sostenibles encontró que “Incluso con altas tasas de crecimiento de la demanda proyectadas en los escenarios energéticos más ambiciosos, no sería necesaria una actividad minera en el fondo marino”
DAÑO SIN RETORNO
Aunque todavía no existen pruebas empíricas que demuestren el impacto de la minería en estas profundidades marinas, “Los impactos potenciales son preocupantes”, según la UICN.
Los expertos temen que la agitación de sedimentos pueda nublar el agua y sofocar a los animales, y también alertan de la contaminación tóxica debida a fugas y derrames, además del ruido, las vibraciones y la contaminación lumínica. La minería en el fondo del mar requerirá diferentes métodos de extracción y tecnologías pero sea cual sea que se utilice, lo único que se puede esperar son daños severos.
Investigadores concluyeron recientemente que la mayoría de la pérdida de biodiversidad inducida por la minería en el océano profundo, duraría para siempre en escalas de tiempo humanas, tomando como ejemplo la lentitud con la que se recuperan los ecosistemas ya afectados.
Para peor, el ISA recientemente rechazó el establecimiento de un comité ambiental que pueda incluir mejores consideraciones ambientales en su funcionamiento y la información clave en cuanto a medio ambiente de su proyecto ni siquiera es pública. Su Comisión Legal y Técnica se reúne prácticamente a puertas cerradas y en sus componentes, las consideraciones ecológicas y biológicas no están representadas.
LAMENTABLEMENTE ES UN HECHO
A pesar de todos los argumentos en contra de este innecesario saqueo al fondo del mar, la ISA ha aprobado 29 contratos de exploración a compañías como la Lockheed Martin, en los océanos Pacífico, Índico y Atlántico, cubriendo más de 1,4 millones cuadrados de kilómetros, aunque la explotación minera con fines comerciales en aguas internacionales no se espera que inicie hasta 2025.
Y al mismo tiempo, la primera prueba comercial para dicha industria ya está planeada y se llevará a cabo en las aguas de Papua Nueva Guinea. La compañía canadiense Nautilus Minerals planea extraer sulfuros ricos en minería, que contienen cobre, zinc y oro, en profundidades entre los 1.500 y 2.000 metros. La operación minera, conocida como “El proyecto Solwara” tiene fecha para comenzar en 2020.
“Medidas estrictas de prevención para proteger el ecosistema marino deberían ser la parte central de cualquier regulación minera”, concluyó la asesora del programa marino de la UICN, Kristina Gjerde.
Fuentes:
Sebastian Losada (Asesor de política de Océanos para Greenpeace International), y Pierre Terras (Activista de Océanos para Greenpeace International)
EFEverde.